«Tan misteriosa como el sándalo» por Federico Rivero Scarani

sandalo

I

Voy hasta tu puerta

Bajo la luna llena,

La calle mojada

Y un viento sur que vuela

Hasta las luces

Que no entienden nada.

Llevo el Otoño en mis manos

Para obsequiártelo, mi Lady,

Muchos colores, pasiones y gotas

En las caídas hojas

Como ángeles do Céu.

Y recuerdo aquellas palabras:

“Me diste décadas de lágrimas

Pero no quiero llevármelas al Cielo”.

Voy hasta tu alma,

Una Mansión en cuyas habitaciones

Moran penumbras perfumadas,

Igual que en el césped el rocío;

Y te fecundaré

Una galaxia con soles de Esperanzas;

Mientras, un viento sur

Vuela las luces que no entienden nada.

II

En la noche

en la noche

cae la helada

contigo a la deriva

vamos hacia un mar lejano

esa oscuridad nocturna

esa sensación de nada;

de los charcos el reflejo

de estancadas aguas negras,

juntos subiremos la escalera de lirios

vamos, acompáñame,

estaré en la estación

y ahí me encontrarás quieto,

meditando, sonriendo, aburrido.

III

¿Cuánto dura una ilusión?,

¿un siglo,

un año,

meses, días, horas,

pocas horas?

¿Quién canta la Verdad?

[¿Qué es la Verdad?]

¿Los pájaros matinales,

las cigarras al atardecer,

o el grillo en la noche oscura?

¿Tal vez el mar?,

que ruge contra el acantilado

cuando la luna inspira

entre las estrellas

del silencio largo;

los silencios

mis silencios

tus silencios,

¿Qué dicen?

¿Qué buscan

allá

en lo profundo.

IV

Noche, Notte, Nuit, Noite, Nox, Night,

diferentes nombres para tu Vastedad

desde el ártico al antártico

desde Oriente a Occidente

cubriéndolo todo vas estrellada o nublada.

Eres una Extraña Mujer de alquímicas Lunas

de fantasmas de mineral.

En el Silencio un reino antiguo

te corona

desde la profundidad del Tiempo

cuando los elementos buscaban sus nombres.

Tú, Noche, Noite, Night,

no me dejes solo en abril

porque “La noche está estrellada

y Ella no está conmigo”.

V

Sé que me amas como un río noble

con el perfume del jardín

y con el dolor de tu sufrimiento

me amas con una mañana,

con un atardecer largamente quieto, crepuscular

 y atrapado por nuestras manos durante enero

lo reteníamos para que no despertara

y así, amándote, aguantaríamos la noche

la noche que nos abría las puertas para el sexo.

 Me quieres, me deseas, me amas con toda tu belleza

y tu desgano, la apatía de ser

mientras sola mirabas el techo de la habitación

 sin risas ni lamento,

solo melancolía.

 Me has amado con el dedo lastimado de la traición,

también,

con tu propio miedo al amor

y el disfrute de estar conmigo a la deriva aquí,

en el Jardín de Piedra

tranquila respirando aromas de rosas veraniegas.

Así me quieres, y te miro como se mira un extenso cielo rojizo

 y amarillo vermelio

detenido dulce y sigiloso para acariciar como nuestros cuerpos.