Ellaria Feathergold se encontraba en su laboratorio observando con satisfacción los resultados de su experimento. Era la experta en ingeniería genética más joven de los laboratorios BIRD. Había presentado su innovadora propuesta a la Directiva y estaba a la espera de la autorización para pasar al siguiente nivel. Entonces escuchó por el altavoz la orden de que se acercara a la Dirección.

En esa sala circular de muros de fibra de vidrio, la esperaban los tres miembros de la Directiva encargados de aprobar las investigaciones. Al entrar, el entusiasmo de Ellaria decayó de inmediato bajo las severas miradas de las eminencias.

—Los estudios presentados demuestran un profundo conocimiento de la genética de esas criaturas. Es una propuesta innovadora que solucionaría nuestra problemática —dijo la bióloga, Candice Whiteheron.

— Pero es herética e inmoral, una abominación a los ojos de la naturaleza — añadió la directora, Henrietta Owlspring.

— Por eso hemos decidido destruir tus archivos y purgar tu laboratorio —dictaminó el jefe de Ética, Jeremy Toucan.

—Serás suspendida por un mes —prosiguió Henrietta—. Esperamos que durante ese tiempo reflexiones sobre tus acciones.

Ellaria se quedó inmóvil pensando en esa criatura que se encontraba en la incubadora de su laboratorio y que había creado usando como base el embrión de un primate nativo de la selva, al que le había inoculado su propio ADN. La fabricación en masa de híbridos con inteligencia rudimentaria, y que podían realizar trabajos básicos, era la solución ideal para la escasez de mano de obra.

La bióloga Whiteheron, parecía estar de acuerdo con su propuesta, pero tuvo que abrir el pico, esa maldita lechuza de la directora Owlspring, dando el grito en el cielo para defender sus ideas tradicionalistas y cucufatas. El jefe de Ética, Toucan, se había limitado a secundar su decisión. Sin embargo, Ellaria sabía que tenía que acatar el fallo, oponerse no sólo pondría en peligro su trabajo, también su propia vida. Después de la reunión, los guardias de seguridad no le permitieron regresar a su laboratorio: la escoltaron hasta la salida.

*

Decepcionada por lo sucedido, Ellaria regresó volando a su departamento ubicado en uno de los edificios exclusivos de la ciudad. Ella pertenecía a una antigua familia muy adinerada y algo excéntrica de la que quedaban pocos descendientes, inexplicablemente las últimas generaciones se habían visto afectadas por una extraña enfermedad, relacionada con los telómeros, que les causaba una muerte lenta y dolorosa.

Encontrar la cura para su familia había sido la motivación de Ellaria para estudiar ingeniería genética, y ahora que le habían dado un mes de licencia correctiva, podría dedicarse a investigar sobre la misteriosa enfermedad.  Para eso necesitaba un sujeto de observación. Así que dejaría la ciudad para visitar a su tía Grace, quien sufría de dicho mal y habitaba en la vetusta casona de campo propiedad de los Feathergold.

*

Ellaria llegó a la mansión que se levantaba al pie de la colina, al atardecer. En ella había pasado los primeros años de su vida y sintió pena al verla tan descuidada. La hiedra cubría las paredes de piedra, las flores crecían a su antojo en el jardín y la fuente tenía una pátina verdosa. Estaba claro que el abandono no se debía a falta de recursos económicos, más bien era consecuencia del despido masivo de sirvientes en un acceso de locura por parte de su tía, que al final solo conservaría una criada de su absoluta confianza.

Oscuras nubes de tormenta se divisaban en el horizonte cuando Ellaria tocó. La robusta puerta de madera, con la aldaba de bronce, se abrió lentamente y Ruth Dove, la criada, le permitió entrar al vestíbulo. Ruth mantuvo la mirada fija en el suelo sin pronunciar palabra.

—¡Qué gusto volver a verte, querida Ruth! —Saludó Ellaria intentando romper el hielo. En el semblante de la criada se dibujó un rayo de alegría, pues ellas habían crecido juntas, pero luego volvió a ensombrecerse—. ¿Cómo se encuentra mi tía?

—Su tía está descansando y no desea recibir visitas —respondió Ruth—. Llevaré su equipaje a su habitación y le prepararé algo para cenar.

Ellaria se dirigió al cuarto de aseo y luego recorrió el largo pasadizo que llevaba a la biblioteca. Este se encontraba adornado con retratos de sus ancestros, pero curiosamente no había ninguno de la primera esposa del patriarca fundador de la dinastía Feathergold. La única información que tenía Ellaria sobre ella era que se llamaba Anne. Había sido una de las ingenieras que logró controlar el cambio climático y promovió los estatutos de adaptación biológica que dieron como resultado la renovación y prosperidad del ecosistema.

Después Ruth le sirvió la cena, pero Ellaria no pudo sonsacarle ninguna información útil sobre el estado de salud de su tía. Afuera caía la lluvia y rugía el viento. De un momento a otro, el generador de energía falló y se quedaron a oscuras.

—Mañana buscaré a un técnico para que repare los paneles solares —dijo Ruth—. Será mejor que suba a descansar. Yo debo de ocuparme de su tía.

Ellaria subió a la habitación para huéspedes. Le causó cierta desazón que no le hubiera dado la habitación acostumbrada, pero luego reflexionó que lo más probable era que estuviera desordenada ya que ella no había anunciado su visita.

La habitación designada era tétrica. La linterna que puso sobre la mesa de noche, apenas daba una débil luz blanca que no servía para leer; la apagó y se preparó para dormir. Entonces, un relámpago iluminó la habitación. Ellaria se asustó al vislumbrar un rostro fantasmagórico reflejado en el espejo rectangular colgado frente a la cama. De inmediato encendió la linterna. El rostro seguía allí devolviéndole la mirada. Era perturbador. Las facciones eran muy semejantes a la de los primates con los que había experimentado Ellaria, pero también tenían un ligero parecido con ella misma.

¡La culpa! esa era la explicación para esa visión febril en el espejo. Ese mismo día la criatura que Ellaria había desarrollado en su laboratorio, habría sido eliminada por la Directiva, estaba segura de eso. Volvió a mirar hacia la pared, el rostro seguía allí mirándola. Reparó en el marco de madera. ¿Era un cuadro?

Recordó que su tío Falcón, quien hacía seis años también se había recluido en la casona y suicidado por el dolor que le causaba la enfermedad, había sido pintor. Retrataba criaturas mitológicas e híbridas dignas de un bestiario medieval. ¡Qué tonta había sido! Mañana descolgaría ese horrible cuadro y lo botaría a la basura.

*

Cuando llegó la mañana, Ellaria despertó con el propósito de deshacerse de ese horrendo cuadro, pero se encontró con la sorpresa de que se trataba de una ventana. Un escalofrío le recorrió la piel. Respiró hondo y la abrió. Desde ahí se podía ver el sendero que llevaba al cementerio familiar, ubicado en los terrenos que se extendían detrás de la mansión. Entonces, ¿había visto un fantasma?

Recordó que desde que Aquiles Feathergold fundó la dinastía y, durante cuatro siglos, hasta el presente, era tradición que todos los Feathergold fueran enterrados en ese cementerio. Tonterías de millonarios excéntricos, decían la gente en el pueblo. Pero desde que abrió la ventana, Ellaria tuvo un presentimiento.

En el cementerio, revisó las lápidas recientes, se internó en el laberinto formado con setos de rosas y llegó a la cripta en la que reposaban los restos de Aquiles y su primera esposa. Tenía que descubrir el misterio de la identidad de Anne.

Cuando regresó a la mansión, divisó tras la cortina de la sala a su tía que, con la mitad del rostro cubierto con una bufanda, contemplaba triste el jardín. Ellaria la saludó, pero ella se retiró de inmediato de la ventana. Cuando Ellaria entró a la casona, Ruth le dijo que su tía se encontraba indispuesta descansando en su habitación.

Ellaria pasó el resto de la tarde en la biblioteca buscando información sobre sus antepasados. En la noche se armó de valor y herramientas: estaba decidida a abrir la tumba de Anne. Cruzó el sendero y el laberinto, llegó a la cripta y abrió la reja, en la bóveda identificó el féretro de Anne que reposaba al lado del de su esposo. Pronto descubriría el misterio. Estaba a punto de confirmar sus teorías sobre el mal que aquejaba a todas las generaciones de los Feathergold, que poco a poco, iban desapareciendo.

Ellaria descorrió la tapa del féretro. Sabía que habían pasado cuatro siglos, pero esperaba encontrar algunos restos que sirvieran para realizar las pruebas necesarias. Por un instante deseó estar equivocada. Se alumbró con la linterna y vio que el cuerpo de Anne se encontraba intacto pues había sido momificado. Entonces Ellaria abrió su pico de par en par y un graznido desgarrador salió de su garganta al mismo tiempo que caía de rodillas desconsolada: ¡Había confirmado que Anne, su antepasada, había sido humana!

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