<<Yo pensaba morirme en el invierno de 1987. Desde hacía meses tenía unas fiebres terribles. Consulté a un médico y el diagnóstico fue SIDA. Como cada día me sentía peor, compré un pasaje a Miami y decidí morir cerca al mar. No en Miami específicamente, sino en la playa. Pero todo lo que uno desea parece que por un burocratismo diabólico, se demora, aun la muerte >>, da la impresión de ser el inicio de una novela, de una novela peligrosa que anticipa el final del personaje. Pero no, es el inicio de Antes que anochezca, libro autobiográfico de Reinaldo Arenas. Es el primer libro que leo de Arenas y ha sido, para mí, como una revelación, también una pesadilla (el escritor, la literatura y el régimen castrista) y, por qué no, la felicidad ligada al placer y la libertad.

Antes que anochezca es publicada en los años 90. El libro está dividido en setenta pequeñas partes, que podrían interpretarse como setenta recuerdos del autor y que están marcados por temas recurrentes: la infancia, << Creo que la época más fecunda de mi creación fue la infancia; mi infancia fue el mundo de la creatividad>>, el mar, << ¡Qué decir de cuando por primera vez me vi junto al mar! Sería imposible describir ese instante; hay solo una palabra: el mar >>, la pobreza, <<En aquella época de enorme miseria, el sueño de todos los que se morían de hambre en Cuba era irse a trabajar>>, el régimen de Fidel Castro (una época miserable), <<Había visto los juicios en que condenaban a veinte o treinta años de cárcel a aquellos jóvenes por el solo hecho de que durante un fin de semana habían ido a ver a su familia, a su madre, a su novia. Y eran ahora juzgados por un consejo de guerra>>, el erotismo, <<De todos modos, hay que tener en cuenta que, cuando se vive en el campo, se está en contacto directo con el mundo de la naturaleza>>, la homosexualidad, <<Ver aquellos cuerpos, aquellos sexos, fue para mí una revelación: indiscutiblemente, me gustaban los hombres>>, la literatura (la escritura), <<Yo por lo que temía era por el manuscrito, pero este sobrevivió afortunadamente. Era muy difícil sacar copias en Cuba, donde no existían fotocopiadoras –Arenas tuvo, incluso, que reescribir más de dos veces su novela Otra vez el mar, debido a que el régimen se quedaba con ella- Ahora ya no había amigos confiables que lo ocultaran>>, la maternidad, <<Siempre pensé, que en mi caso, lo mejor era vivir lejos de mi madre para no hacerla sufrir; tal vez todo hijo debe abandonar a su madre y vivir su propia vida>>, la prisión, << El oficial siguió hablando, siempre con un tono amable. Dijo que estaba allí para ayudarme y que de acuerdo a mi comportamiento se extendería o no mi estancia en la celda de castigo>>, y la amistad (la traición), <<Además de Virgilio, el otro escritor cubano con quien tuve una gran amistad fue con José Lezama Lima>>. Recuerdos que, la mayoría de veces, carecen de una libertad plena debido a la época tan dura que le toco vivir al gran escritor cubano. Recuerdos que podrían verse alterados debido a la subjetividad, pero no por eso, exentos de verdad. Recuerdos que confrontan al lector en cada página, que nos hacen ver una realidad poco conocida. Arenas se encarga de “abrirle los ojos” a quien lo lee (quizá algunos dioses literarios de yeso se vengan abajo).

Antes que anochezca es una puerta, inmensa, por la cual se puede ingresar al universo de Reinaldo Arenas. Debo admitir que este texto mío no es más que una necesidad de compartir una lectura. Pero, en fin, el escritor se suicidad en 1990 a los 47 años, en Nueva York, lejos del mar cubano, aquel que amaba tanto. Y deja una carta de despedida:

Queridos amigos:

Debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir, aunque modestamente, al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando, Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Solo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.

   Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla le exhorto a que siga luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.

Cuba será libre. Yo ya lo soy.

Me pregunto, ¿el suicidio fue la noche más oscura de Reinaldo Arenas?