Él solo escribe para llamar la atención.
Su objetivo no es ser considerado como uno de los poetas más destacados del país.
Pero utiliza su oficio a modo de sex appeal.
Frecuenta los mejores bares para seducir a las chicas, pero ellas ni bola le dan.

Él, todo terco, insiste en que le hablen o que se dejen seducir.
Llega a un punto donde se pone agresivo y pesado,
pero como moneda de cambio, recibe una buena bofetada.

Saliendo decepcionado, ebrio y molesto,
pasa por jirón Quilca para recitar ante aficionados al arte y a la vida bohemia.
Al recitar, uno de los aficionados lo pifia, causando que el poeta estúpido utilice su violencia como arma de defensa.

Entre patadas, golpes e insultos, lo dejan tirado mientras,
bañado en sangre, agoniza y llora.

Regresando a su departamento destruye todo.
Entre los escombros encuentra una botella de Cartavio.
Mientras bebe desenfrenadamente,
reflexiona sobre su existencia poética en el arte.
Tras terminar la reflexión,
se dirige a la ventana para dar el gran salto
el único que han conocido los poetas de esta índole:
El salto a la muerte.

Y así culmina otra ridícula y lamentable historia del poeta estúpido.

«Dulce la mujer al olfato del hombre, y dulce a las garras del espíritu»
-Saint-John Perse.

A la luz de la noche y la plena memoria,
Flotando sin capa ni alas sobre las fauces de incontables precipicios,
Resistiéndome al instante de ser una nube lloviendo
Sobre las ruinas y desperdicios de mi carne,
Aún pienso en ti,
Aún pienso en ti, Relámpago de otros labios,
O sencillamente: Valquiria de alguna irrisoria mitología:
Sí,
Yo pienso en ti:
Pienso en ti
Como en aquel ocaso que no he vuelto a ver:
Bello y rosa
Como todo lo que me es ajeno durante el día
Y solo pertenece a ti,
Por ahora,
Por este latido
Que no alcanza a nublar todos tus sentidos,
Pero entre ellos cincela caminos,
Porque sabes, inconscientemente, que existe
Como perfume de esperanzas sobre mis vaivenes:
Porque se agita
Como suspiros de la naturaleza en cada uno de tus rizos;
Pienso en ti
Y recorro aquel arcoíris de tus mejillas,
Que es distante, pero no extraño,
Sino claro, dulce como un colibrí;
Sí,
Yo pienso en ti
Y en cada átomo que te hace un hada cien veces inmaculada,
Y soy un Remolino de azares
Que hierve, que es profanado
Por las navajas de la agradable y necesaria agonía
Desde toda distancia,
Desde todo instinto,
Inmerso en la fuga que emerge cuando me llamas
Con el color y deseo de tus más negras flamas:
Yo pienso en ti
Desde el sortilegio y el paraíso causado por tus esferas azules,
Porque cantas y bendices
A quien oprime, poéticamente, la pendiente de tus costillas:
Oh, Mazmorra donde encadenar al Príncipe Prometido,
Yo pienso en ti,
Atraído por aquellos sinuosos espejismos,
Porque Yo soy: Yo soy desindigno:
Yo pienso en ti
Y abordo lo inarbordable
Y surco, caminando, los infinitos mares,
Yo pienso en ti, sí, y percibo lo inmarcesible en cada fugaz invocación.

(Luminosidad para tus clandestinas Venas)

Lectura del poema Remolinos Nocturnos:

Ayer fuimos al parque con papá,
el leía un libro bajo el abeto
mientras nosotros empezábamos a jugar.

La mañana era un bello domingo
sin tareas ni mandados de mamá.
«Deberían haber más jardines como este,
adornando las calles de la ciudad».

En un momento me detuve,
cansado de tantos goles anotar.
Y en medio del pasto me eché a descansar,
después de unos momentos lo noté…

«¿A dónde se fueron las mariposas?»,
le pregunté a los geranios y las rosas.
«Hace un tiempo que ya no las vemos,
y si vienen por aquí son cada vez menos».

Qué triste me sentí al recordar
un arcoíris volando en la brisa
eran las mariposas al aletear.

Corrí a la escuela hoy día,
al profesor José fui a preguntar:
«¿A dónde se fueron las mariposas? »
«Se fueron con las abejas a besar a las rosas
y en el camino de regreso se perdieron…
ellas están ahora adornando el cielo
pero quedan guardadas en el recuerdo,
de los niños que atesoran un amor sincero
por las criaturas bellas de la vida».

Del libro Patio de juegos (2019).

Hola Paco, hola Miguel
abre el libro del patio de juegos
es de mañana y navegaremos
sobre sus historias de papel.

«La tarde descansa en los jardines,
reposa en los pasos de las miles
de hormiguitas y cucarachas.
Ellas huyen para esconderse,
pero el sol las ve ocultarse:
el rey gana todas las jugadas.

Si el calor se esparce,
chanchitos y lombrices
verás en la tierra ocultarse.
Veloces por arriba las perdices
de ellas quisieran atiborrarse».

Llega Jakie, llega María
hora de empezar a las chapadas
sus cabelleras brincan alocadas
corren hasta el final del día.

En su griterío se olvidan de la noche
y todos los maleficios que ella llama,
pero no hay temores que no se olviden
con un vaso de fresca limonada.

Del libro Patio de juegos (2019).