A los 17 años leí El extranjero, una novela escrita por Albert Camus, una obra que me dejó atónito y enfermo durante una semana; luego vendría lo peor: las lecturas de Kafka. Por estos días, con 26 agostos y extrañando cada vez más aquellos años de adolescente fatuo y sensible, he leído Reflejos de un ojo dorado. Novela escrita por Carson Mccullers, obra que me ha dejado intrigado y más recuperado; lamentablemente ya me he convertido en otra clase de lector: los libros me hacen bien.  

Camus y Mccullers tuvieron cosas en común, los dos fueron grandes escritores, murieron relativamente jóvenes, escribieron para el teatro, pero sobre todo (esto quizá sea un disparate), compartieron el mismo personaje literario. El personaje de El extranjero, Meursaualt, es muy parecido al protagonista de Reflejos en un ojo dorado, el soldado Ellgee Williams. Al terminar de leer el libro de Carson tuve la impresión, de golpe, que Williams se me hacía conocido. Que lo había visto antes, pero bajo otra prosa, otro nombre, otra edad, otro estilo literario, otra pluma y con otras características físicas. Oculto bajo las palabras de Albert Camus.

 Meursault es un sujeto solitario, <<Después del almuerzo me aburrí un poco y erré por el departamento. Resultaba cómo cuando mamá estaba allí. Ahora es demasiado grande para mí… No vivo más que en esta habitación, entre las sillas de paja un poco hundidas, el ropero cuyo espejo está amarillento…>>. Williams también, <<Era un soldado joven y silencioso, y en el cuartel no tenía amigos ni enemigos>>. Meursault es indiferente, <<Pero sentía cerrado el corazón y ni siquiera pude responder a su sonrisa>>. Williams no se queda atrás, <<En sus ojos, que tenían una singular mezcla de tonos castaños y amabarinos, había una expresión muda>>. Y también se dejan llevar por sus propios impulsos que en apariencia son injustificables, un claro ejemplo es cuando el personaje de Camus decidí matar a un árabe, <<Comprendí que había destruido el equilibrio del día…Entonces tiré aún cuatro veces sobre el cuerpo inerte en que las balas de hundían sin que se notara>>. El protagonista de Mccullers (que también asesina a un hombre) tiene esta característica, << Cuatro veces en sus veinte años de existencia había actuado el soldado por propio impulso y sin la presión de circunstancias externas>>. Al final de los dos libros, ambos personajes conocen la fatalidad: la muerte. Y ambos se muestran indiferentes hasta el último minuto de su existencia. Ambos también comparten el sinsentido frente al mundo y al amor. Ambos también son muy observadores, incluso, varias veces, voyeristas.  El extranjero es publicado en 1942 y Reflejos en tus ojos dorados en 1941, años de La Segunda Guerra Mundial, años en que el existencialismo se apoderó del cuerpo finito de la sociedad.

Abrir un libro y toparte con un personaje conocido, leído hace mucho en otra obra, pero cambiado, la literatura tiene sus misterios. <<A menudo el ser amado no es el que desencadena el imperio lentamente acumulado en el corazón del que ama. El amor es una cosa solitaria. Este descubrimiento es el que hace sufrir>>, dice Carson Maccullers. <<No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar>>, dice Albert Camus. Qué buena pareja habrían hecho los dos.