¿Existe un abismo insalvable entre filosofía y literatura? Si escribimos Historia de la Literatura o Historia de la Filosofía, nos hemos de preguntar si alguna vez podremos escribir Historia de la Filoteratura. Ambos mundos son vastísimos, que no nos alcanzaría una sola vida para poder abarcarlos. Pero la pregunta principal no va por ahí, es decir, si podemos abarcar filosofía y literatura en todo nuestro programa de lecturas; más bien, si es posible hacer de la filosofía y de la literatura una sola.

Al parecer antes no existía la dicotomía Filosofía-Literatura; ambos eran lo mismo e incluso no se distinguía de la Religión, como los ritos sacerdotales. De esa manera tenemos a Empédocles escribiendo su filosofía en poemas; del mismo modo, Parménides. Podríamos decir entonces que hubo un tiempo en que filosofía y literatura estaban unidas, como si se expresara en un verso una hermosa metáfora y al mismo tiempo se develara los arcanos del universo. Otro nombre para esto sería la ‘alegoría’ o quizá el ‘mito’.

Pongamos algunos casos. Se dice que Platón antes de ser filósofo intentó ser dramaturgo. Ello puede ser verdad, pero qué lo llevó a dar un ‘giro filosófico’. Sin embargo, sus libros son piezas magistrales de buena literatura: quién no sufre la Apología, quién no aplaude el discurso de Protágoras en el Protágoras, quién no se siente inmortal luego del Fedón. Porque Platón, a diferencia de Aristóteles, usa recursos literarios y consigue hechizar a los lectores. Su libro, el Ion, nos dice que los poetas al escribir sus poemas no están en sus normales facultades, sino que poseídos por los dioses. Luego el propio Platón recomendaba prohibir la lectura libre de poesía, pues entorpecería la educación –filosófica- del alma. ¡Oh Platón qué injusto has sido contigo mismo con aquella sentencia!

J. P. Sartre en su autobiografía titulada, Las palabras, refirió que gustaba más de leer ficciones literarias que a Wittgenstein. Johannes Hirschberger en su ambicioso libro,  Historia de la Filosofía II, nos dice que Sartre es más literato que filósofo. El objetivo del francés fue plasmar en sus obras literarias sus postulados filosóficos, al igual que A. Camus.

Sin duda han quedado como buenos registros en la Historia de la literatura; creo que no en el de la filosofía. Por otro lado, Borges –se dice, nuevamente- habría intentado ser filósofo antes de ser escritor. Pero él lo descarta; siempre quiso usar la filosofía como recurso literario. Lo hizo de manera magistral. Su cuento “Las ruinascirculares” es un eco de las teorías platónicas. Y podríamos continuar con la lista: Goethe, Schopenhauer, Miguel de Unamuno… En la biblioteca Albertina, en Leipzig (Alemania), las Consideraciones intempestivas de Nietzsche están en la sección de literatura y no de filosofía.

El filósofo alemán es un caso más de nuestra exposición; no olvidemos que escribía en su juventud poemas y sentía gran admiración por Hölderlin. Este mismo era poeta y un cultivador de la filosofía.

O se es filósofo o se es escritor; a menos que nos colguemos de la rueda de la historia y volvamos al inicio y nos hagamos filósofos-poeta como los griegos. Mientras tanto, el puente que une filosofía y literatura es –y ha sido– provechosamente cruzado por los pensadores de ambos bandos. Filósofos y escritores se dan la mano, se miran, se abrazan, quizá también se compadecen. No sabemos quién podría ser más desgraciado o más feliz. Pero si se vuelven a unir, ser uno solo, no sabremos qué tipo de hombre surgiría o qué nos habría de anunciar.