No es sorpresa alguna saber que desde hace unos años a nivel nacional se está dando una producción numerosa de películas ficcionales y de documentales; sin embargo, es sabido también que de esa cuantiosa cantidad la gran mayoría procede de la capital, es decir, a pesar del mínimo espacio que se les concede en la cartelera a las películas nacionales, existe otro tipo de exclusión, indiferencia o simplemente desatención con las películas procedentes de regiones fuera de Lima.

Omar Forero es un cineasta trujillano egresado de la Universidad Privada Antenor Orrego y licenciado en Ciencias de la Comunicación. Se inició realizando los cortos First Roll (2007), Intento (2004) y La vida da vueltas (2000). En el 2006 dirige y escribe su primer largometraje Los actores, luego vendrían películas como El ordenador (2012), Chicama (2012) y Casos complejos (2018). Ganador de múltiples galardones a nivel nacional e internacional, es gracias a Chicama (2012) que consigue captar la atención de la crítica. Una película financiada con fondos del Estado a través de la DAFO, obtuvo el reconocimiento por parte de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) con el Premio al Mejor Largometraje Peruano del Año, entre otras que fueron exhibidas tanto en salas comerciales como de manera más independientes en festivales. Hasta ese momento, en sus tres primeras entregas se habían premiado filmes de la capital, Chicama (2012) fue la primera película de provincia en haber obtenido esta distinción.

La historia aborda un tema muy dejado de lado por las autoridades políticas de hoy y siempre. Si el desarrollo pedagógico de por sí ya resulta deficiente en Lima, en el filme se puede observar de cómo esto se deriva en una problemática considerable cuando se trata desde un enfoque provincial. César Castillo Díaz es un joven docente que anhela ganar una plaza en la ciudad de Trujillo, la metrópoli y capital de La Libertad, pero ante su falta de requisitos que puedan hacer valer su currículo frente a otros aspirantes, no le queda más remedio que aceptar el trabajo en un pueblo bastante lejano de la costa, donde prácticamente muy pocas personas se animan a laborar. Mientras se encuentra enseñando su vida transcurre con la mayor monotonía que se podría tener cuando no se conoce a nadie. No obstante, se da un ligero cambio al llegar una nueva maestra que, contraria a César, decidió ir a ese lugar por su propia decisión. A partir de ese encuentro se conciben dos modelos de vida con diferentes orientaciones hacia su porvenir.

Consideramos que hablar de cine regional implica hablar de un contexto propio de la región. Bajo esa lógica sería necesario precisar que Lima también es una región, pues en la gran parte de películas de directores capitalinos se aprecian sucesos que transcurren ahí, aunque a diferencia de otras regiones cuenta con mayores ingresos, atención y cuidado por parte del gobierno central. Desde luego, como suele ser en otros ámbitos artísticos, se cree que toda la representación nacional que puede hacerse proviene de la capital. Hace décadas existió un albor en la cinematografía peruana procedente de la región de Cusco con cineastas como Eulogio Nishiyama, Luis Figueroa Yábar, Manuel Chambi, etc. Fue lo que se conoció como la Escuela de Cusco o Cineclub Cusco de los años 60. El compromiso social que tenían aquellos años era transmitido en películas que retrataban una temática andina entre el mito y la realidad.

Hoy en día podríamos señalar otro tipo de compromiso social, pero ¿qué pasa con el cine fuera de Lima? Si bien ya no son tan latentes problemas como la lucha del campesino contra el hacendado o lo que fue el conflicto armado interno hace unos años atrás, perviven otras situaciones que si competen ser visibilizadas y asimiladas como parte de nuestro contexto actual.

 En Chicama (2012) se evidencia no solo el problema relacionado a la educación, sino también a las condiciones en la que se encuentra la labor docente. César es un maestro que proviene del pueblo de Cascas y pretende instalarse en Trujillo. Es joven y humilde, pero con pocas oportunidades profesionales. En la escena donde va a preguntar por alguna plaza vacante, le dicen que debido a su poca experiencia no podría optar por un puesto, además “en la costa está bien peleado conseguir una plaza”, las esperanzas son nulas. Le comentan que tiene más posibilidad de ir a una escuela rural en el pueblo de Toledo, pero aun así decide que lo pongan en lista de espera, hace entrega de un diploma de primer puesto en un concurso regional de ortografía y se retira. En la película se ve como finalmente acepta ir al pueblo de la sierra, se entiende que fue, quizá, a la falta de empleo que lo hizo decidirse por optar esa elección. La situación del maestro rural es muy dura, desde tener que desplazarse hacia lugares donde muy poca gente llega y los recursos son escasos, además de la falta de una adecuada infraestructura que hace más sacrificado su trabajo.

El protagonista pareciera que no tiene muchas motivaciones de crecer profesionalmente, es consciente de su realidad y anhela una buena remuneración, pero en ningún momento lo vemos leer, estudiar o manifestar algún tipo de conocimiento relacionado a los cursos que enseña, más que solo para la clase que dicta a sus alumnos de primaria. Su forma de vida contrasta de manera notoria con su nueva colega, la profesora Juanita, de la quien se intuye que proviene de una condición mucho más pudiente que César. Al mencionar que es de Trujillo y que vive en Huanchaco hacen posible pensar que no adolece de insuficiencias económicas, además de su desconocimiento del área rural y su expreso deseo por estar en el pueblito de Toledo resaltan que sus ambiciones se encuentran ligadas a un acercamiento con los niños del campo, es decir, al no tener preocupaciones por alguna limitación económica, podría tener una actitud mucho más comprometida con la educación que imparte, pero solo da cuenta de un interés en conocer cómo es la vivencia fuera de la ciudad.

En escenas posteriores se ve cómo los personajes son aprehendidos por fuerzas ajenas a su voluntad. En el caso de Juanita, esta es visitada por su mamá y se va con ella, no se sabe la razón de su partida, pero ya no vuelve más a la escuela, algo que sus pequeños alumnos ya veían venir, pues dicen que ya saben que no regresará porque nadie se quiere quedar ahí. Después de varios días, otra profesora llega al pueblo para reemplazarla. Por otro lado, César se retira por cuenta propia a probar suerte en Trujillo. La situación se invierte, pues si Juanita no conocía el pueblo, es ahora César quien desconoce la ciudad. Encuentra a su amigo y este le comenta que otro colega ya dejó de ejercer la docencia y ahora se dedica a “taxear” porque le va mejor que enseñando.

La película expone las diversas falencias que padece el sector educativo y lo hace de tal manera que posibilita una reflexión sobre la capacidad y vocación que tiene el maestro en el manejo de su labor. Dicho de otro modo, las formas de vida que acontecen en Chicama (2012) son una vía que le sirve al espectador para develar la problemática social y regional que existe en el ámbito pedagógico.

Concluimos con que es necesario un impulsar el cine que se desarrolla en las distintas partes del Perú. Así pues, se puede potenciar la visibilidad de panoramas que, a través de estas películas, cumplan con proponer una actitud crítica y optar por un cambio social, político y cultural que tan falta nos hace.