Entre la luz y la sombra hay un par de manos
Que crecen sedientas, inexpugnables,
Con el único fin de rebosar de odio y sangre sus labios,
Yo soy uno más
De los que caminan por clavos de acero morado,
Yo soy uno más indotado
Desde el holocausto,
Tengo alas que no sirven para nada,
Nada más que recordarme que ayer fui exiliado,
Tengo canciones que no sirven para nada,
Nada más que recordarme que estoy preso en una imperceptible jaula,
Que estoy viviendo sin ver ni apartar el excremento de mis deseos,
Que he perdido el sentido de mis pasos,
Yo, voluntariamente, estoy en cautiverio,
Yo he fragmentado hasta lo más mínimo mis sesos
Para hallar dimensiones realmente misericordiosas
Y no hay ni una
Mientras existan esas manos,

De día,
Mi tristeza es un amorfo reflejo negro
Que se alarga cuando lo dicta el índice derecho del tiempo,
De noche,
La tristeza es mi propio par de espejos
Buscando una sonrisa que no poseo y siento cada vez más lejos,
El cáncer va manchando cada torso y rostro del universo,
Porque es inimaginable e invisible
El abuso hegemónico de aquel par de manos,
Yo dejé las muletas y enfrenté aquel prístino vientre,
Yo soy el ejemplo,
Yo soy la oportunidad
De vivir otra vida en anacoretismo o hielo:
Yo amé un pueblo y él me amó más que a la autoridad secreta,
Yo, por amor, perdí la cordura y la paciencia,
Yo no soy el malo:
Yo no pedí ni sacrifiqué a nadie,
A nadie más que a mis ideales,
A nadie más que a mi alada sangre:
Porque si el amor no te hace vulnerable es porque solo a ti te amas,
Y Yo no soy narcisista:
Yo amo tus piececitos verdes,
Yo amo que sean ágiles aires,
Yo amo brindarles el silencio
Para verlos desgañitarse por todos los Alpes,

Yo soy uno más
De los incontables seres desangrados por dientes de sable,
Yo soy el primero de los serafines calumniados,
Yo soy la voz que sobrevive para que la fe no se agote,
Meteoritos y asteroides intentaron pulverizar mi canto y aquí me tienes:
Cantando entre azules relámpagos,
Fomentando erupciones más allá de las veniales, capitales y originales,
Yo no extravío tu felicidad en ningún laberinto de mi palma,
Yo soy el destino que no entierra sueños en piedras malcinceladas,
Yo soy uno más en todo modo:
Tengo alas que únicamente sirven para recordarme que ayer fui exiliado,
Pero alguna vez fui el más luminoso sobrearcángel, el posible par de manos,
Tengo canciones que solamente sirven para irritarme,
Pero alguna vez abrieron los clandestinos oídos de todos los puertos,
Alguna vez readornaron autoestimas y emociones de todos los pueblos,
Yo, voluntariamente, estoy en cautiverio
Esperándolos para rellenar juntos la fuente de sublimes afectos,
Esperándolos para contarles que lo moral es manipulante, es desierto,
Porque donde no hay voluntad hay una perdida guerra,
Hay párrafos limitando el goce de tu albedrío e izando hipócritas banderas,
Hay perfumes que apestan transgrediendo tus ideas,
Hay políticos arranchándote monedas y prendas sin que tú lo veas y quieras,
Yo escupo verdad, aunque arda y duela en todo ángulo de tus cavernas,
Yo no soy la serpiente que los ha embrujado,
Yo soy el gato de las libertades supremas,
Yo no soy el verdadero juez del averno,
Yo no anestesio ni amenazo a nadie a lo ancho del hemisferio,
Yo no soy el malo, ahora lo sabes:
Yo solo soy un soñador incontrolable.

(La fortaleza de tus sueños)

«Dulce la mujer al olfato del hombre, y dulce a las garras del espíritu»
-Saint-John Perse.

A la luz de la noche y la plena memoria,
Flotando sin capa ni alas sobre las fauces de incontables precipicios,
Resistiéndome al instante de ser una nube lloviendo
Sobre las ruinas y desperdicios de mi carne,
Aún pienso en ti,
Aún pienso en ti, Relámpago de otros labios,
O sencillamente: Valquiria de alguna irrisoria mitología:
Sí,
Yo pienso en ti:
Pienso en ti
Como en aquel ocaso que no he vuelto a ver:
Bello y rosa
Como todo lo que me es ajeno durante el día
Y solo pertenece a ti,
Por ahora,
Por este latido
Que no alcanza a nublar todos tus sentidos,
Pero entre ellos cincela caminos,
Porque sabes, inconscientemente, que existe
Como perfume de esperanzas sobre mis vaivenes:
Porque se agita
Como suspiros de la naturaleza en cada uno de tus rizos;
Pienso en ti
Y recorro aquel arcoíris de tus mejillas,
Que es distante, pero no extraño,
Sino claro, dulce como un colibrí;
Sí,
Yo pienso en ti
Y en cada átomo que te hace un hada cien veces inmaculada,
Y soy un Remolino de azares
Que hierve, que es profanado
Por las navajas de la agradable y necesaria agonía
Desde toda distancia,
Desde todo instinto,
Inmerso en la fuga que emerge cuando me llamas
Con el color y deseo de tus más negras flamas:
Yo pienso en ti
Desde el sortilegio y el paraíso causado por tus esferas azules,
Porque cantas y bendices
A quien oprime, poéticamente, la pendiente de tus costillas:
Oh, Mazmorra donde encadenar al Príncipe Prometido,
Yo pienso en ti,
Atraído por aquellos sinuosos espejismos,
Porque Yo soy: Yo soy desindigno:
Yo pienso en ti
Y abordo lo inarbordable
Y surco, caminando, los infinitos mares,
Yo pienso en ti, sí, y percibo lo inmarcesible en cada fugaz invocación.

(Luminosidad para tus clandestinas Venas)

Lectura del poema Remolinos Nocturnos: