He decidido suspender mis ataques de pánico (como si tal cosa fuera posible) para contarte la perfección: he terminado de leer La balada del café triste. La literatura, (culpable a veces), por estos días, me está salvando de la locura, del tedio, del encierro, de la libertad. Pero, sobre todo, del absurdo. Y la nouvelle de Carson McCullers es un destello de luz muy potente al final del túnel.

Vayamos por partes, es difícil dividir las emociones de las opiniones, y más cuando la lectura de un libro aún está caliente, aún quema. Quizá uno debería recomendar los libros, que más le gustaron, pasando algunos meses. La historia se desarrolla, o se recuerda, en un pueblo triste al sur de los Estados Unidos. Y que es testigo de un triángulo amoroso entre los protagonistas de la novela: Miss Amelia, el primo Lymon y Marvin Macy. Pueblo que ve crecer, dentro de sus entrañas, una cafetería, algo que enorgullece a todos sus habitantes. Carson McCullers en Iluminación y fulgor nocturno nos cuenta cómo surgió la idea para escribir La Balada del café triste << La calle Sand de Brooklyn siempre me trajo dulces recuerdo…Y fue en un bar de dicha calle en donde vi a una pareja extraordinaria, que me fascinó. Entre los parroquianos había una mujer alta y fuerte como una giganta y, pegado a sus talones, un jorobadito. Los observé una sola vez, pero fue al cabo de unas semanas cuando tuve la iluminación de La Balada del café triste>> Y la pregunta que divaga por mi cabeza, como un ente solitario, es ¿con qué focos ilumina Carson a la novela?

El primero foco, y el más importante, es el narrador. Un narrador en primera persona, que incluso llega ser una especie de cronista de pueblo, ya que recurre a otros testimonios para contar la historia, <<Los chiquillos que estuvieron aquella noche curioseando por la ventana contaron todo lo que había pasado>>. Un narrador muy inteligente que juega con el lector, le adelante el final, pero sabe mantener el secreto hasta el término de la novela. No cuenta qué sucedió para que el café, que era tan exitoso, cierre, <<Y lo cierto es que en este pueblo hubo una vez un café. Y esta casa cerrada era distinta de todas las demás, en muchos kilómetros a la redonda. Había mesas con manteles y servilletas de papel, ventiladores eléctricos con cintas de colores, y se celebraban grandes reuniones los sábados por la noche. La dueña del café era Miss Amelia Evans. Pero la persona que más contribuía al éxito y a la animación del local era un jorobado, a quien llamaban “el primo Lymon”. Otra persona ligada a la historia del café era el ex marido de Miss Amelia, un hombre terrible que regresó al pueblo después de cumplir una larga condena en la cárcel, causó desastres y volvió a seguir su camino. Ha pasado mucho tiempo; el café está cerrado desde entonces, pero todavía se le recuerda>>.

Otro de los focos que ilumina la obra, son las maravillosa metáforas, reflexiones y símiles que aparecen a lo largo del libro, <<fuera de eso, el pueblo es solitario, triste, como perdido y olvidado del resto del mundo>>, <<Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor>>, <<Los corazones de los niños son unos órganos delicados. Una entrada dura en la vida puede dejarles deformados de mil extrañas maneras>>.

Y también la obra está iluminada por lámparas y velas. Las tres lámparas principales: Miss Amelia, especie de matriarca del pueblo, y que en apariencia tiene un corazón duro y solitario. Dueña de la cafetería del pueblo. << no le importaba nada el amor de los hombres; era un ser solitario>>.  Lymon, el jorobado que irrumpe en el pueblo para alterarlo todo, incluso el corazón de Amelia. Un personaje perfectamente construido, que el lector podría llegar a odiar << existe un tipo de personas que tienen algo que las distingue de los mortales corrientes…el jorobado era, sin duda alguna, de este tipo de seres>>. Y Marvin Macy, un sujeto ruin y despiadado que irrumpe en el pueblo con sed de venganza. Pero Marvin fue bueno alguna vez, se enamoró. Las velas son los personajes secundarios, personajes planos y necesarios para dar mayor redondez a los protagonistas de La balada del café triste. Cada escritor o escritora ilumina con ficción su propia realidad, cada autor o autora ilumina el mundo al escribir un libro, y los hay, como Carson Mccullers que llegan a cegar y a maravillar a sus lectores.