«La solución» (fragmento) por Mirza Mendoza

Mirza Mendoza

Mirza Mendoza

Lima, Perú 1985.

Cuentista peruana. Autora del libro: Tenebrismo – Editorial Sexta Fórmula – 2021. Compiladora de la antología latinoamericana de ciencia ficción y terror: Error 404: Vínculo(…)

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LA SOLUCION MIRZA-min

Sonó el intercomunicador, tuve que parar mis cálculos para atender al llamado, era mi fiel secretaria. Me habían aconsejado múltiples veces que era mejor tener un asistente robot, pero mi instinto de animal intelectual se oponía a esa idea. Le hice pasar con gesto de desagrado.

—Señor Jonás, no sé si contarle esto, pero…

—Has llamado a la puerta sabiendo bien que no me gustan las interrupciones, soy todo oídos.

—Bueno, soy amiga de una secretaria de la torre central y ella me ha dicho que sin querer escuchó una conversación…

—«Sin querer», interesante, prosigue.

—Este… sí, bueno, que escuchó sin querer que una alto mando viene para acá hoy mismo para hacer una auditoría.

—¿Una auditoría?

—Sí, sobre el prototipo de la línea de motos que se va a lanzar el próximo mes. Al parecer, no están contentos con el ajuste de precio que hemos presentado. Y la persona que va a venir es quien decidirá si la línea sale al mercado o no.

—Es interesante y a la vez preocupante lo que me informas. Matemáticamente es imposible bajarles el precio a esas motos y que al mismo tiempo cumplan con los estándares solicitados. Esto debe de ser una pésima broma. Yo hice mi parte, pero… bueno, tú avísame cuando la visita se haga oficial.

—Sí, señor Jonás. Con permiso.

No sabía si confiar o no en chismes de secretarias; no obstante, lo que sí tenía claro era sobre el ultimátum que nos habían dado: la continuidad de la fábrica dependía de esta nueva línea de motos que tenía demorada su producción por los ajustes y reajustes que nos pedían desde la torre central de mando del conglomerado. Además, la demora se daba por la rivalidad entre Leandro y yo.

El afamado ingeniero y arquitecto Leandro tenía una vanidad única basada plenamente en su intelecto y era también muy sobreprotector con sus creaciones. Se sabía importante y pieza clave de la cadena productiva de la fábrica que en los últimos años había bajado en el ranking de ventas globales. Las máquinas eran fabulosas y despertaban en los posibles compradores el deseo de poseerlas, pero al preguntar por el precio dudaban bastante y muchas ventas no se concretaban. Nuestros costos se habían elevado con el tiempo al emplear a más humanos en el Área administrativa y en la cadena de producción.

Esta vez habíamos reducido los costos en cada detalle y aspecto de la creación, producción y posventa del producto; sin embargo, seguramente no habíamos contentado a los dueños del conglomerado. Debo luchar hasta el final, no pueden tirar a la basura todo el trabajo que hemos hecho, aunque eso signifique que tenga que doblegar mi orgullo e ir a la oficina de Leandro a comentarle la situación y hallar juntos una solución.

El solo hecho de tener que cruzar casi toda la planta para ir a contarle sobre un chisme a Leandro hizo que me doliera el pecho. No tenía más remedio, me puse el saco y me dirigí a su encuentro. La situación ameritaba una conversación frente a frente, el muy ladino tenía la sinvergüencería de no contestar mis correos electrónicos. Di prisa a mis pasos, el no soportarnos mutuamente hizo que escogiéramos las oficinas más alejadas de la fábrica. Así podíamos convivir, pero ahora mismo me sentía ridículo haciendo el recorrido. Bajé en ascensor los quince pisos de mi torre a la planta de producción. A los lejos estaba el almacén, solo el jefe de este era humano, comprobé lo que decían sobre él. A cada robot le gritaba por un nombre particular que él les había asignado. Los robots no requerían de los gritos ni de los nombres, pero el almacenero disfrutaba en vociferar, tal parece que había perdido en cierta forma la cordura. Era un buen almacenero, no extraviaba ningún alfiler. Sus robots siempre estaban muy bien aceitados y a la orden.

Caminé aún más rápido, antes de que él se diera cuenta de mi presencia y tratase de correr hacia mí. Ya bastante extraño era verlo en las reuniones bimestrales de la empresa hablando solo. 

[Fin del fragmento]