Envíos a Lima/Provincia desde S/.8

Métodos de pago

Epístola 3: “ROBERT WALSER II” por Fernando Huaroto

Fernando Huaroto

Fernando Huaroto

Lima, Perú 1993.

Estudió Literatura en la UNMSM. Fundador y director Hierba/Zine. Finalista en el I concurso de poesía experimental Jean Brossa (Cuba). Primer puesto en el concurso(…)

Ver biografía
La alarma del whatsapp le quita la somnolencia de la…
AGUJERO NEGRO Con mi último cigarrillo,con el sobreviviente de la…
Infratierra golpea, denuncia y expone el cuerpo subjetivo de la…

de: Nardo <10030016@unmsm.edu.pe>
para: Sxxxxx Bxxx <nxxxxxxxx@gmail.com>
fecha: 23 de abril del 2015, 19:13

R O B E R T W A L S E R II

Fela Kuti – Afrodisiac

No sé si esto: la carencia de pasado, de recuerdos, sea un defecto o una virtud. Es más, los recuerdos no existen, o bueno, en realidad sí, pero no son lo que son. Por ejemplo: a los seis años, ‘recuerdo’ que mi padre mecanografiaba en una máquina grande, ploma y pesada la letra de la canción: Coplas del payador perseguido de Cafrune. Pareciera que ahora mismo escucho el traquetear de la máquina de escribir, que veo a mi padre sentado frente a su escritorio, que para mí era una especie de territorio privilegiado. Digo esto, porque siempre que mi viejo no estaba me sentaba en su silla, yo no entendía muy bien de que iba la vida, había muchas cosas que no me interesaban. Lo que me hacía hacer eso, era escuchar la metralla de la máquina, me gustaba, me sentía fuerte, sentía que mis dedos hacían música, pero una música de tronador.

Aunque nunca le ponía papel a la máquina, yo sentía que escribía los cuentos que papá me tendría que contar mañana, o corregía los cuentos que ya me sabía y que no me gustaban los finales. Escribía y corregía en el vacío, nunca había registro, solo el traqueteo arrítmico de mis dedos golpeando el borde metálico de la máquina. Recuerdo todo esto, pero en realidad, no es lo que pasó. Cada recuerdo es una invención nueva, nada puede repetirse, cuando uno recuerda, no hace más que generar una nueva imagen que imita lo más parecido posible a lo que pasó. Existir es una forma de dejarse ir, desaparecer. Nada puede repetirse, solo construirse lo más parecido posible, esa construcción que imita el pasado nosotros la llamamos recuerdos. Por eso nuestra nostalgia, nuestra saudade, porque nunca nos llegará a satisfacer del todo, porque sabemos que en el fondo nunca llegaremos al momento que pasó, solo un remedo, un bosquejo, una copia, una imitación. Uno nunca puede llegar a la plenitud con una copia, la originalidad de los momentos tiene un privilegio que

sabemos nunca podremos retener, nuestra memoria es imperfecta. No puede fotografiar de forma exacta, La vida es una especie de barco nómada sin estrella fija. En cambio, el recuerdo es un puerto estático, inamovible. Pero los recuerdos tienen su mérito, ese intento de traernos el pasado, nos ha hecho la vida un poco más llevadera. Nos gusta ese engaño, nos satisface, nos llena de congoja, nos hace creer en las mentiras, en la ficción. Somos un almacén de registros errados, de datos que emulan a la vida, pero siempre yerra, porque nada puede reemplazar a lo que uno vivió, a lo que pasó, a lo que no está, a lo que desapareció. Y este momento también está desapareciendo, mañana leeré este texto, y mi memoria intentará construir una imagen lo más parecida posible a lo que está sucediendo, para satisfacer mi egocentrismo humano de tener la capacidad de poseer el pasado, pero nunca será el momento que es ahora, porque ahora se va yendo por el hilo perfecto del vacío, de la nada y hacía la nada.

Desaparece.