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Entrevista a Joel Lenner Castañeda, fundador de la revista “El tacto de la araña”

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Autopresentación de puño y letra

Sería pretencioso y algo vanidoso el autopresentarse; es mejor que otros lo hagan por uno o, aún mejor, que la obra hable de uno; en ese sentido, invito a quien se detenga en estas líneas leer un poco de cuanto he escrito y que la podemos hallar en la revista de publicación reciente «El tacto de la araña» y mi obra que aún circula «(I)rreverencias».

¿Cómo se crea la revista “El tacto de la araña”?

«El tacto de la araña», surge como instrumento de difusión y portavoz del Círculo Literario María Emilia Cornejo alrededor del año 2000 y 2001. Nace como respuesta a la inquietud de un grupo de estudiantes del Instituto Superior Pedagógico Público de Huancavelica, quienes buscábamos hacer oír nuestra voz, una voz que considerábamos iconoclasta, rebelde y contestataria.

¿Qué sucedieron con esos diez años de ausencia?

No solo fueron 10 años. Alrededor del año 2001 se publicaba ya la revista, pero lo hacíamos de manera mucho más informal, artesanal y en un número bastante reducido, tan reducido que no tengo ningún ejemplar de ninguna de sus ediciones; recuerdo solo que una de ellas la dedicamos al poeta beat Allen Ginsberg, uno de nuestros horizontes literarios y que marcaron hondamente nuestra poética, al menos la mía. A finales de 2011, esta vez motivado por Javier Pariona y mi persona, retomamos el proyecto, publicando tres ediciones más, la primera de ellas dedicada a Mario Benedetti, otro de los poetas referentes de nuestra lírica. Ahora, 2020 y junto a nuevos integrantes, tales como Kathleen Romero, Ydris Belánger y Gina Gálvez, además del apoyo desinteresado de Alder Yauricasa Verástegui, a quien agradezco sobremanera, volvemos a retomar el proyecto, esta vez con una tirada mucho mayor y con el mismo objetivo: emular un arte al servicio del pueblo.

¿Qué tan necesaria es una revista literaria en el medio?

Hoy, está en boga la idea aquella sobre la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, así como esas otras un tanto ingenuas y manipuladas que el sistema imperante interioriza en el colectivo social (libertad, igualdad, tolerancia, inclusividad, etc.) y que, a nosotros, como seres humanos, nos gusta reproducir, quizá porque agrada a nuestros oídos, quizá porque nuestras limitaciones no nos permiten ver más allá del discurso, quizá porque sí. Yo creo que es porque materializa lo que queremos ser; así, nos identificamos con esa representación que nos hacen de la realidad, no importa luego las razones o las raíces que la fundamentan, lo importante es que la alcancemos y esto nos enceguece, merma aquello que Heidegger llamó pensamiento auténtico; no obstante, solo este llamado pensamiento auténtico es lo que permitirá alcanzar aquella sociedad que pretendemos construir.

 Cuando me refiero a estas facultades humanas me gusta hacer la siguiente analogía: «no solo debemos alimentar el estómago para vivir bien, sino también nuestra mente» y eso solo podemos hacerlo con mucha y mucha lectura; pero tampoco es bueno que echemos a nuestro estómago lo que se venga verdad, es necesario ser prudente y cuidadoso en alimentarnos, de la misma manera debemos ser cuidadosos en alimentar nuestra mente, no echarle basura, más aún en una sociedad en la que el lenguaje es usado como instrumento de opresión y construcción ideológica.

Lamentablemente, estamos perdiendo la batalla, como alguna vez lo dijera Kant «Hay un sujeto cognoscente» que está haciendo bien su trabajo, que ha hecho de nosotros seres interpretados que gustamos reproducir el constructo que se ha hecho de nuestra realidad, en el que a veces nos sentimos cómodos y en otros insatisfechos, en el que un “aparente” altruismo agiganta nuestro ego y hace que nos autopercibamos como seres superiores y reneguemos de nuestra esencia natural.

En resumidas cuentas, la literatura, la filosofía, la psicología, entre otras pocas son las únicas áreas humanas que nos pueden llevar a ese pensamiento auténtico del que hablaba Heidegger, así como quitarle el disfraz al lenguaje, para poder finalmente ver la realidad en su verdadera esencia; y debe ser este el horizonte de toda manifestación humana y una revista literaria, o al menos esta, tiene esa intención.

¿Cómo difunden este tipo de material en su localidad?

Es un trabajo arduo, titánico. Huancavelica no se caracteriza precisamente por ser una ciudad culta, quienes la habitan priorizan actividades lejanas al desarrollo de las facultades que ya hablamos anteriormente; por el contrario, abunda el sentido común, la empiria, la intuición, los prejuicios, las creencias, lo que ahora llaman “pensamiento de primer orden” y esto se debe a muchos factores de índole diversa; por ejemplo, en Huancavelica no existe librerías propiamente dichas, las conocidas no venden siquiera un libro, se hacen llamar librerías pero se han especializado en la venta de útiles de escritorio; los libros son vendidos casi de manera informal en unos puestitos que la Municipalidad ha destinado en plena plaza de armas, al aire libre y en el que no se puede hallar un solo libro original; ahora bien, estos puestos ofrecen al público, como cualquier negocio, lo que sus clientes más solicitan, ahí puede verse cómo piensa el ciudadano huancavelicano y es que son los libros de autoayuda los que más pululan, libros que ya han quedado demostrado que no solo tergiversan la realidad, sino que también son simples, fútiles y no potencian las facultades de las que hablamos anteriormente, sino que alimentan más nuestra condición de «interpretados», esa maquinaria salvaje que es el capitalismo.

La gente así gusta autocalificarse como modernos, tolerantes, democráticos, positivos y más; claro, siempre y cuando su modernidad no atente contra sus creencias, su tolerancia tolere su intolerancia, su democracia los beneficie, su positivismo les haga ver lo que ellos quieren ser.

En ese contexto, es bastante difícil que textos que procuren romper con ese pensamiento sean acogidos y quizá también esto pueda explicar el éxito del que gozan textos muy mal redactados, pues ya no parece importar cómo están escritos, mientras saque a relucir aquello con la que la gente se sienta cómoda basta: la identidad cultural, el optimismo, la autoestima, el emprendimiento, etc.

El factor económico también cuenta, claro, así como el escaso hábito lector de los pobladores (esta cuarentena fue el reflejo fiel de nuestra ignorancia, aún en estas condiciones no somos capaces de acercarnos a un libro, se prefiere así quedarse tirado de bruces sobre la cama o manipulando el celular, chateando o viendo cualquier película, pero ¿un libro?, ni loco que estuviéramos), la cultura, las políticas púbicas, etc.

¿Quiénes colaboran en la presente edición?

Bueno, integrantes actuales somos: Javier Pariona Salvatierra, Kathleen Romero Urbina, Gina Gálvez Zárate, Ydris Bélanger y mi persona.

No obstante, como podrán haber visto, también tuvimos la colaboración de escritores de generaciones anteriores como Orlando Loayza Condori y Alder Yauricasa Verástegui.

Háblanos de la «Generación Cero»

El año 2012, poco después de retomar la publicación de la revista “El tacto de la araña”, decidimos junto a Javier Pariona renombrar el Círculo; así, publicamos juntos el poemario “El arte al servicio del hombre: Generación cero” en la que planteamos nuestra postura y del que ya te he venido hablando a lo largo de esta entrevista.

La iniciativa fue de Javier Pariona y la idea mía; había que ponerle un nombre a nuestra propuesta, ¿pertenecíamos nosotros a algún movimiento?, estábamos en la segunda década del siglo XXI y ejemplos para nombrarla habían muchas; estaba la generación del 27, la generación del 50, la generación del 70, cada uno análoga al periodo en el que desarrollaron sus obras y la nuestra pertenecía a la primera década de este siglo, fue lógico y no tan difícil llegar a la conclusión, formábamos parte de una generación 0 y con ello nos referíamos a los años 2001 al 2010.

¿Cuál sería el decálogo que rige a esta generación?

“El arte como creación humana al servicio del hombre”, pero no por ello pretendemos sacrificar la forma del texto, como sucediera a mitad del siglo XX con los poetas sociales, sino aleando tanto la forma con el fondo, para ello entendemos al producto de nuestra actividad como artefactos sociales, resultados del trabajo consciente y reflexivo del lenguaje y su poder.

En cuanto al panorama de literatura huancavelicana ¿Cuáles son tus impresiones?

A diferencia de muchos intelectuales huancavelicanos, mi visión sobre la literatura huancavelicana actual no es muy optimista, siento que nuestra romántica y ciega pasión por lo nuestro nos enceguece y nos hace elucubrar opiniones y posturas al margen de la razón. Yo, particularmente no veo tan floreciente la literatura en Huancavelica, más si se trata de los radicados en la misma región, como sí se puede ver en ciertas antologías, que desde mi punto de vista son construidas por ese romántico y “ciego amor a lo nuestro”; así, íconos de nuestra literatura son: Serafín Delmar, Julián Pétrovick, Carlos Zuñiga Segura, Dida Aguirre, Zein Zorrilla, Percy Galindo, Ulises Gutiérrez Llantoy, Antonio Muñoz Monge, Rafael Gutarra Luján, John Ochoa Tinoco y Carmela Abad Mendieta; estos se encuentran secundados por Harold Gastelú Palomino, Orlando Layza, Tulio Carrasco Urruchi, Horacio Monge Pineda, José Oregón Morales, Teodoro Manrique España, Jorge Paredes, David Auris Villegas, Pablo Landeo Muñoz, Sergio Quijada Jara; todos los demás nos encontramos muy por debajo de ellos, con una obra en ciernes y por corregir (quisiera decir “por mejorar”).

Visto esto pareciera estar contradiciéndome, pues hay número considerable que nombro y que podría hablar de una literatura floreciente; no obstante, debo señalar también que la mayoría de estos escritores no los siento identificados con Huancavelica (salvo unos ocho o nueve de ellos), hay un buen número que se identifican con Huancayo, otros con Ayacucho, Piura, Ica y más.

No obstante, no quiero enfrascarme en este tema pues es mejor sentirse ciudadanos del mundo, herederos y partidarios del conocimiento universal, aunque sí considero necesario, en ocasiones y por motivos de investigación y estudio hacerlo, ya que nos llevan a entender el pensamiento y la filosofía de una época y un determinado lugar

¿Quiénes consideras que son sus mayores representantes?

Zein Zorrilla en la narración, es un verdadero arquitecto de la palabra y experto en el manejo del Discurso Indirecto Libre, la introspección de sus personajes y el narrador omnisciente. En la poesía, Carlos Zuñiga Segura, posee una lírica exquisita que alea esas dos identidades del que Chocano nos hablaba en el siglo XIX y Zorrilla recuperó para nosotros en este siglo: tenemos sangre española (europea) e indígena a la vez; no solo la una a o la otra, sino las dos; lo que sucede es que nuestro ciego amor por lo nuestro reniega de nuestra herencia europea, castrándola; Zuñiga, en su poesía, la exalta, enseñorea esa condición; es más la expande, pues ha incursionado también en la haikus. 

¿Crees que han tenido el lugar que merecen en la literatura peruana?

Zein Zorrilla es considerado junto a Cronwell Jara y Colchado Lucio una de las voces más importantes de la novela andina, además ha sido ganador del Premio Internacional de novela “La ciudad y los perros” convocado por el Instituto Iberoamericano Mario Vargas Llosa en 2003; Carlos Zuñiga Segura, junto a Antonio Muñoz Monge, Rafael Gutarra Luján, Dida Aguirre y Gutiérrez Llantoy ha sido antologado por Augusto Tamayo Vargas; pero también tenemos a Harold Gastelú, quien ha sido merecedor de un sinfín de premios a nivel nacional, su última novela “El castillo olvidado”, ganó el Premio de Novela Infantil Altazor; Percy Galindo ha ganado el I Premio Copé de novela en 2007 y el Premio el Barco de Vapor en 2010, Pablo Landeo el año pasado 2018 se hizo merecedor al Premio Nacional de novela en la categoría de Lenguas originarias. Estos no son logros insignificantes.

¿Qué se necesita para que estos escritores reciban mayor atención a nivel nacional?

Bueno, a los referidos anteriormente creo el reconocimiento ya lo tienen, o en otros, está en plena construcción; quisiera referirme a la literatura elaborada por aquellos que nos hemos quedado dentro de la región; así, considero que son varios los factores que intervienen, desde lo económico, lo social, lo político, lo cultural, etc.

Desde lo cultural, los huancavelicanos aún no hemos entendido ese gran mensaje que nos legara José Carlos Mariátegui en más de una de sus obras, la necesidad de universalizar lo nuestro; por el contrario, nuestra pasión nos ha servido solo para enclaustrarnos en una razón que ronda la sinrazón y ese es ese amor ciego y obsesivo por lo nuestro; hemos relacionado equivocadamente la identidad cultural con estatismo, parquedad, simplismo y facilismo.

Desde lo personal, tenemos un conocimiento limitado y equivocado sobre estas artes; creemos que basta con la inspiración, es más la consideramos fuente primaria; esto no ha hecho más que elucubrar nuestras pasiones y sentimientos, materializados en un texto falto de seriedad y calidad, amparados en la idea de la tolerancia y la libertad de expresión.

Producto de todo esto es el rechazo a la crítica literaria, la autoevaluación y la reflexión. Parece que rechazar todo esto los hace sentir modernos. La elaboración de un texto no es resultado tan solo de la empiria y la inspiración, es toda una confluencia de habilidades y conocimientos que requiere su dominio: El control sobre la materia que abordamos es más que necesaria y dicho control solo la alcanzaremos en la medida que tengamos conocimiento sobre su naturaleza y las leyes que la rigen.

Lo incomprensible es que existen personajes referentes de nuestra cultura que avalan este comportamiento, cuando lo que debieran hacer es coadyuvar a la construcción y forja de una literatura que se merezca tal denominación.

¿Cómo se inaugura el Círculo literario María Emilia Cornejo (CILMEC)?

Surge el año 2001 como producto de la inquietud de un grupo de jóvenes del Instituto Superior Pedagógico Público de Huancavelica. Ese mismo año la inquietud por ver manifiestas nuestro ideal nos motiva a generar una revista que sea portavoz de dichas ideas; surge así «El tacto de la araña» que inicialmente se llamara «La ventana del cráneo». Integrantes de aquel periodo fuimos además de quien escribe, Eugenio Condori Jurado, Alfonso de la Cruz Gómez, Rubén Ccencho Huamán, Roger Cahuana y Rosi Martínez, quien lamentablemente falleció en 2004.

El año 2006 organizamos un encuentro regional de escritores y en 2007 el concierto “Leusemia: a la mierda lo demás”; culminado este último, el grupo se separó, y solo con ayuda de Javier Pariona la volvimos a reactivar a partir del año 2011.

Hoy, 2020, continuamos aunados a voces de diversas generaciones, promoviendo y difundiendo el arte en Huancavelica, quizá la actividad más saltante sea la organización de las llamadas “Tertulia entre amigos” y con esto de la cuarentena las “Tertulias en vivo”.

¿Cuán importante es la figura de María Emilia Cornejo en la literatura peruana?

María Emilia Cornejo rompió con los estereotipos de la poesía de la década del siglo pasado; su poesía es íntima y personal, busca la exteriorización del mundo íntimo del yo lírico desde una postura femenina, para ello rompe no solo con el canon masculino que imperaba hasta entonces, sino que dota a su lenguaje de crudeza y versatilidad. María Emilia Cornejo, quien se quitara la vida apenas a los 23 años, apertura la poesía erótica en el Perú y un derrotero que aún continúa construyéndose.

¿Son importantes los círculos literarios?

Creo que, si se les dota de significatividad, por supuesto que sí los son. De nada sirve grupos o círculos literarios que solo existen por ese simple placer que dicen tener: el goce. Yo creo que se mienten, nada puede “no tener sentido”, un rumbo, un horizonte; como seres humanos que somos y como la ley de la naturaleza lo manda, somos seres creadores y no hay actividad que generemos que no esté a nuestro servicio. Durante la década del 30 del siglo pasado A. J. Ayer cuestionaba ya esta condición, consideraba a las artes, a la metafísica, a la ética y a la teología áreas de la humanidad sin sentido; desde entonces infinidad de voces se han erigido procurando su transformación, unos alimentando más ese dionisismo etéreo y otros procurando la humanización del arte; hoy en día podemos ver aún estas manifestaciones:

PRIMERO: En quienes aún se niegan a descender del olimpo que tanto los deshumaniza y,

SEGUNDO: en quienes apuntan por una naturaleza humana del arte, pero pervirtiendo la esencia del mismo y convirtiéndola así en materia inerte, simple y lúdica.

En el CILMEC tenemos la convicción de que el trabajo, la dedicación, el conocimiento y el dominio de la materia que se aborda puede ser un camino para enarbolar un arte que procure alear ambas posturas.

Por otro lado, ideas manipuladas por el sistema como la libertad de creación y la tolerancia de las ideas se encuentra también interiorizadas en estos grupos, de tal modo que a la verdad se la ha ridiculizado y minimizado, pues se está seguro que cada quien interpreta la realidad desde su perspectiva y por tanto debe ser respetada; esto no es nada bueno, pues al contrario de lo que se pretende nos hace intolerantes, simples, individualistas, irreflexivos, incapaz de cuestionarnos, con opiniones amparadas en la subjetividad y un actuar guiado por la sinrazón, las emociones y los prejuicios.

Así, en estos grupos no se pueden ver ya ideas unificadas, posturas, tener una razón de ser: la literatura debería también pasar de ese dionisismo que lo caracteriza a una apolineaca, como en muchas otras áreas de la humanidad se viene ya trabajando.

Se suele pensar que en estas cofradías prolifera más el amiguismo que la honestidad ¿Qué opinas?

Creo que en cierto sentido sí lo hay; no obstante, en el círculo esto pasa a un segundo plano, salvo Javier Pariona y mi persona que sí formamos parte de una misma generación, el resto de los integrantes pertenecen a generaciones posteriores y la amistad con el resto de los integrantes solo fue posible a posteriori de la reactivación del grupo; así, Gina Gálvez y Kathleen Romero hasta finales del año 2018 eran unas absolutas desconocidas para nosotros e Ydris pertenece a una generación aún más joven.

Parte de nuestra locura también la comparte Alder Yauricasa, quien, de lejos pertenece a una generación anterior y aún más atrás hallamos a Orlando Loayza. En ese sentido, en el grupo pretendemos, que más allá de la amistad prime también el trabajo, el conocimiento y el dominio de la materia que abordamos: Orlando Loayza solía decir “A la literatura se la respeta”, compartimos dicha idea.

En tu ensayo “La voz de la generación Cero. Sobre la libertad de creación, la crítica literaria, la literatura en Huancavelica y más” eres bastante drástico en enfatizar que no todo puede ser considerado “literatura” ¿Cómo sitúas esta sentencia en la actualidad donde cunde la autopublicación y «los escritores de facebook»?

Es lamentable, en Huancavelica existe mucho de estas manifestaciones y creo que a nivel nacional no difiere en demasía. Un análisis al respecto debería tener diferentes miradas, desde el psicológico, lo comercial, lo político, lo económico y más; así, los conceptos de libertad de creación y tolerancia de las ideas es uno de los tantos factores -ya lo dije antes- que merma nuestra capacidad de raciocinio: somos incapaces de cuestionar nuestro trabajo, nuestro propio actuar, incapaces de expresar lo que verdaderamente pensamos y peor aún, incapaces de argumentar lejos de nuestra subjetividad.

Las editoriales juegan también un papel muy importante en esto, muchas de ellas, principalmente las económicas, carecen de personal calificado para corregir y editar un libro, prima antes la cuestión económica, mientras el autor se encuentre en las posibilidades de subvencionar los gastos de publicación, estas editoriales parecen no tener ningún inconveniente.

Por otro lado, están también aquellos escritores referentes que avalan este actuar, más, creo yo, que por esa búsqueda incansable de aceptación que porque verdaderamente lo creen así; por supuesto que hay que reconocer que estos también actúan en razón a aquellas ideas manipuladas del que ya hablamos anteriormente.

No obstante, en un país democrático como el nuestro, estos individuos están en su derecho de hacer lo que les plazca; pero una ley por la que se rige la democracia es: tu libertad termina cuando atentas contra la mía. Y publicando una obra aún en constructo se atenta contra la generación futura, contra nuestra propia sociedad; es lamentable que estos “escritores” persistan en este actuar.

«El tacto de la araña», en la presente edición, rinde homenaje a Ernesto Cardenal ¿Cómo fue tu acercamiento a su obra y cuán importante es para la literatura de habla hispana?

Cardenal es una voz fundamental en la poesía latinoamericana y universal, fundador del llamado exteriorismo, merecedor del Premio Reina Sofía de Poesía en 2012 e iniciador y partidario de la Teología de la liberación, forma de pensamiento católico, que procura la interpretación de la biblia y el actuar cristiano desde una perspectiva revolucionaria; asimismo, fue correligionario del Frente Sandinista de Liberación Nacional, partido político-militar Nicaragüense de izquierda.

Leí a Ernesto Cardenal allá por 1999, cuando cansado de la poesía de Vallejo y Neruda (no es que los rechazara, simplemente quería leer una poesía diferente) comencé a indagar y explorar otras alternativas; me topé entonces con Mario Benedetti, Juan Gelman, Jaime Sabines, Roque Dalton, Antonio Cisneros, Gonzalo Rojas, entre otros; la practicada por estos era una poesía mucho más terrenal y humana y eso me agradó; poemas como «Hombre preso que mira a su hijo» de Mario Benedetti, «Padre nuestro latinoamericano» de Juan Gelman, «Víbora» de Nicanor Parra –bueno. toda la poesía de Parra- y “Oración por Marilyn Monroe” de Ernesto Cardenal, me dejaron helado, esa aleación entre compromiso social y el llamado “arte por el arte” podía verlo materializado en cada uno de esos poemas; tomamos entonces una actitud de protesta contra toda poesía vallejiana y nerudiana, aunque ahora nos digan que somos vallejianos.

Aquella época, en Huancavelica, o escribías como Vallejo y Arguedas o no eras nada, quisimos ser nada y emprendimos nuestro camino a partir de dicha comprensión. Aprovechamos entonces la tecnología y optamos por buscar amistades fuera de nuestras fronteras; nos contactamos así con Emilio Ballesteros, quien prologara (I)rreverencias (mi libro), con Otto Raúl Gonzáles, con Paz Betancourt Llanos, con Jeniffer Moore, entre otros, pero sobre todo con Ernesto Cardenal, con quien comenzamos a escribirnos y quien nos alentó en la empresa que nos estábamos trazando. A la par que nos alegró, esta experiencia terminó también por dolernos, pues comprendimos la enorme brecha que había entre la poesía mexicana, argentina, cubana, la misma peruana y el desarrollado en Huancavelica: 40 años antes aproximadamente los poetas de estos países habían experimentado ya estas formas: nuestra ciega interpretación de lo nuestro, que se inclinaba por un telurismo romántico y chauvinista no nos estaba haciendo nada bien.

Soy consciente que al respecto hemos hecho poco por cambiarla, pero es bastante difícil ir a contracorriente, hoy volvemos a esa empresa, esperamos alcanzarlo.

¿Qué podemos esperar de los próximos números de “El tacto de la araña”?

Trabajo y más trabajo, nunca improvisación.

La revista posee ciertas secciones el cual la hemos armado con cierta intención. Queremos siempre hacer un homenaje a un escritor que de una u otra manera represente nuestra poética o narrativa. Siento que en Huancavelica hay cierto desdén u ocio por leer poesía que no sea de Vallejo; entonces, esta sección tiene precisamente esa intención: proporcionar al lector otras alternativas.

La sección “La voz de la generación 0” tiene también su propio objetivo y, en este caso, es el de dar a conocer nuestra postura referente a cómo percibimos la realidad y sus diversas manifestaciones (literatura, sociedad, política, economía, etc).

La tercera sección es el destinado a la producción nuestra, allí procuraremos llevar a la práctica cuanto manifestamos en la sección anterior, además de la publicación de textos de nuestros invitados. La revista es abierta.

La última sección responde también a la concepción del arte que poseemos, por ello, procuramos dotar al lector de los conceptos básicos de la teoría literaria; y es que ese es el punto débil de nuestra literatura: para romper con la deificación de la inspiración y la improvisación en el arte de la literatura, requerimos hacer de conocimiento común aquellos recursos que puedan coadyuvar a mejorar la calidad de nuestros propios trabajos y la toma de conciencia y control de estos, consideramos, que ayudaran en gran manera.

¿Cómo se consigue un ejemplar de “El tacto de la araña”?

Bueno, pueden escribirnos a cilmec.huancavelica@gmail.com o ingresar al Facebook del grupo; contestaremos al instante.