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Bandera Negra: Entre Horacio y Lucia

Fernando Huaroto

Fernando Huaroto

Lima, Perú 1993.

Estudió Literatura en la UNMSM. Fundador y director Hierba/Zine. Finalista en el I concurso de poesía experimental Jean Brossa (Cuba). Primer puesto en el concurso(…)

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1. Rayuela: la danza de las palabras

Escrita en Francia y publicada en Argentina en 1963, surge en medio del escándalo suburbano del jazz y la delincuencia medrosa del artista, una de las obras más lúdicas que podría haber intervenido a la historia de la novela como género. Una ‘contranovela’ especificaría Cortázar a Joaquín Soler Serrano, catorce años después en esa entrevista donde se desmenuza un poco más al autor y todo el repertorio de su obra narrativa. Obra que ha generado un interés sorprendente; no solo en los lectores iniciados en la literatura, si no, también en la crítica literaria. Generando suspicacia, desconfianza, duda, el dubium sapientiae initium. Una especie de libro objeto, aparato configurado en color y ritmo para disolver cualquier modo dictatorial de pensamiento o acto creativo. Fernández (2008) manifiesta que desde el primer bifurcar entre el lector y la novela Rayuela, se genera una especie de conjugación de la palabra ‘incierto’, se convoca al desconcierto como estandarte, guía de un camino organizado por un tablero numérico, una especie de manual de vida, de vidas, de rumbos que solfean junto a la música y su expectación frente a la vida circunstancial.

La novela percibe esa intención de deconstruir la normatividad; hay un síntoma de incomodidad del autor, pero esta incomodidad nace desde el regocijo mismo del acto creativo. En una carta enviada a Fernández Retamar, el autor de Rayuela resalta esa cualidad suya, de asumir una actitud cronópica al momento de construir/hilar novelas, esa cuestión individual de conservar el regocijo pleno, como fuente sustancial y medular del acto creativo. Observamos que la felicidad, muy relacionada a la individualidad para Cortázar, influye mucho y se autentifica en su narrativa literaria. Rayuela es el claro ejemplo de esta propuesta lúdica, que no solo desbarata o desestabiliza a la novela como género, si no, también desbarata la realidad misma que se acomoda conforme a los principios morales de su época. Principios limitados y anclados, de los cual el autor en su novela, quiere desprenderse en su totalidad.

Cortázar, considera importante la no-pasividad del lector, le aterra ese recepcionar unilateral, por ello se hace partidario de una literatura participativa, que se enfoca y desarrolla en la exploración de búsquedas trascendentales para el individuo, muy relacionadas al arte y su gobierno intuitivo de las emociones. Por ello su propuesta de intervención a la vida a partir del ludismo, la novela como: un motín frente a la maquinaria colosal del sistema, una especie de resistencia afectiva frente a la policía de la razón; donde la música se va hilando entre el sentir y pensar de cada uno de los personajes de esta novela atiborrada y cansada de errancias, pérdidas, encuentros, simplificaciones, ambiciones, lluvias, canciones, misterios y, sobre todo, ausencias.

A partir de este dinamizar entre obra y lector, el autor de Rayuela reinterpreta ese misterio individual y colectivo llamado: “vida”. Esta propuesta no se desarrolla bajo una posición política-intelectual, si no, se desarrolla a partir de una óptica amplia y devastadora que se construye a partir de la sensibilidad humana, y su implicancia o relación con el arte y la esteticidad, pero no una estética que promueve el rigor o el adiestramiento; si no, todo lo contrario, una estética en referencia al descubrimiento, al culto y rezo de lo inesperado. La aleatoriedad como fuente necesaria para el descubrimiento                           

Este texto ahondará en dos personajes de esta novela: Horacio Oliveira y La Maga para poder configurar de forma adecuada la propuesta de razón y genuinidad que se hallan en ellos dos, respectivamente. Para ello, tomaremos elementos teóricos como es el caso de Friedrich para dilucidar en esa disonancia sensata que promueve la ingenuidad de La Maga; a la par, que tomaremos elementos filosóficos en referencia al solipsismo de búsqueda gobernada por la razón, en el que se encuentra Horacio. Para el análisis del personaje de Horacio, tomaremos elementos propuestos por Gilles Deleuze en su libro La lógica del sentido, en la cual agudizaremos la vinculación de organizar el pensar en condiciones de representación, ese sentido de edificar un proyecto de conocimiento dedicado y originado de la verdad, que es la realidad que intenta desmembrar minuciosamente Horacio Oliveira.

2. Horacio Oliveira: la razón minuciosa

“Lo más difícil para un músico es no sonar a uno mismo”
Miles Davis

Tal vez esa obsesión por no repetirse, por intentar encontrar lo novedoso, evoca a este personaje que representa claramente a un ‘Buscador’, un agente temático recurrente en la narrativa de Cortázar. Hernández (2008) ya indaga sobre este punto referencial de temática arquetípica del personaje, y sugiere que más que un buscador, es una persona que se desarrolla a partir de la sospecha, la duda. Horacio Oliveira no niega la realidad, quiere encontrar el sentido absoluto de esta, porque esa es la única manera de percibir la verdadera realidad, para Horacio. Por ello su obsesión lo conduce a un estado de búsqueda constante para su decodificación de la vida y poder percibir de forma más precisa la realidad. Él quiere organizar la vida como un juego, él quiere organizar, escribir y estudiar el manual de juego, que en realidad es la vida misma. Recordemos el diálogo inicial del capítulo 19 en Rayuela, vemos como La Maga, a través de su intuición logra una división casi precisa respecto a ellos dos; ella percibe a Horacio bajo a esa circunstancia lineal y direccional como una especie de Mondrian, y en referencia a ella, se estima como una Vieira da Silva.      

Lucía o La Maga, ya nos va otorgando una idea de las intenciones estéticas de Horacio, su cuadrangular pensar de tensión rítmica, o su indagación vergonzosamente policial, esa que se inmiscuye perpendicularmente buscando esa unidad anclada de la realidad, que no es más que transformar la realidad en un discurso programático de desecamiento de naturaleza congestionada. Horacio Oliveira, bajo el tutelar de sus obsesiones racionales, quiere organizarlo todo a partir del punto exacto, pero para ello, antes tiene que encontrarlo. De ahí que se genere una fe irremediable a ese signo vital, de búsqueda absoluta en esa oscuridad total que recae cuando el manto del cielo se acomoda entre el reptar del pensamiento nocturno de la calle.

Horacio plantea su realidad en términos metódicos para que sea más comprensible y controlable. No quiere que nada se le escape de por sí, por ello usa también el gíglico como mecanismo de control, de sistematizar, de comunicar su posición. Le aterra el síntoma del desconcierto, o cuando las palabras no le alcanzan y se le resbalan como pensamientos apriorísticos. Tal vez esa cuestión de consolidar el conocimiento, hace que su inmovilidad teórica no pueda ser reemplazada o estudiada, o no haya más que obtener de ella. Esa carencia de gnosis variable hace que la inseguridad madure como una fruta sobre su frente aguda que lo quiere estudiar todo, para organizarlo todo a su modo. Ya que, Horacio, se asume como el único que puede comprender ante la agresividad de un mundo repleto de conceptos ineficaces para la felicidad humana, tan ausente en él.       

Quiere desarrollar una conciencia que se preocupe más en no dejarse engañar, más que obtener u aprehender la verdad. Ya que, su debilidad prima por esta inseguridad de no poseer (la verdad), por ello cuando presencia cualquier rastro de ineficacia racional, intenta reorganizarlo todo a su manera, intenta llamar triángulo a la estupidez, ocho por ocho es locura, o tal vez solo sea un perro. Todo esto dependerá del grado de explicación, a partir de su propia aproximación con su repertorio de cultura sobre el arte o la sensibilidad, para poder desglosar su realidad misma, no intenta otra verdad más que la construida a partir de sus propias consignas o signos conceptuales. Deleuze (1969) esboza una filosofía que se enfoca en la cuestión que rige entre diferencia y representación; Horacio ocuparía la primera vertiente proseguida por La Maga y su representación exhaustiva de la vida misma.

Vemos que la concepción de diferencia es de especial interés para Horacio, ya que este trabaja más bajo la noción de individualización. El hacer arte y la idea de hacer, hace esta obsesión dinámica de lo generado y perecedero de que la idea de hacer sea de por sí un acontecimiento raro, una fiesta, algo nada ordinario. Porque la idea está inseparable al modo de expresión, las expresiones son individuales, nadie grita a viva voz que tiene ideas generales; las ideas de por sí están muy relacionadas al aspecto individual, ese territorio por donde Horacio agudizaba sus pensamientos para tratar de encontrar ese momento exacto donde toda la realidad se reunía y se convertía en un supuesto de comprensión. Para Horacio todo estaba y debía estar en la tierra, hasta el conocimiento, toda capacidad abstracta en referencia a la realidad era inválida. Busca un conocimiento de especie concreta, una que pueda ser palpable y moldeable de acuerdo al interés del discurso de este individuo. Lo abstracto se modifica, varía, se permuta y juega nomenclado en su inestabilidad de vida justa, consigna que aún no comprende en el repertorio de razón que posee Horacio.

Uno tenía que nombrar las cosas, designarlas para poder recién encontrarle sentido, valor. Por ello, Horacio estaba encargado de explicar las cosas, más no mostrarlas, cuestión que si asumía de forma colosal La Maga. Horacio solo como un recorrido de medida sintética del color, como un horizonte plano de colores cuadrados de un lienzo de Mondrian. Así, intentado explicarlo todo a través de ese pensar absoluto, es donde Oliveira empieza a disentir de la forma de vivir de La Maga, esa inocencia mal explorada por el discurso corrosivo e impertinente de querer comprenderlo todo. De minimizar la complejidad humana en un punto muerto, exacto, absoluto que lo deteriora todo, hasta el sentir desmoronado de la sensibilidad humana. La docta se manifiesta como un conocimiento último, inamovible frente al fluctuar irreverente de la condición afectiva que posee La Maga. Tal vez Horacio Oliveira, conflictuado en su condición solipsista, prosiga en ese nombrar constante de las cosas, ese complejo de primer hombre que pretende designar de forma correcta (a su manera) cada versión de lo que se aproxime a su discurso de hombre individual y acomodado de la razón 

3. La Maga: La imaginación al poder

“Yo hablo como puedo, no sé decir lo que siento”
La Maga

Una vez organizada la perspectiva de visión que posee Horacio Oliveira, un pensamiento organizado y sistematizado que pretende dilucidarlo todo, absolutamente todo, se nos hace más factible la comprensión y estructuración del personaje de La Maga. Que coexiste en correspondencia y distancia junto al de Oliveira. Vemos que la experiencia está representada por Horacio, mientras que la inocencia la erige de forma imprescindible, esa forma de percibir la vida o la realidad que convoca La Maga. La inocencia frente a la experiencia, por ello empezamos con esa mención que realiza este personaje, donde no alcanza a organizarse adecuadamente a través de la palabra, que es un discurso de tipo sistemático. Por ende, cuelga su sentir a modo de expresión que intenta sujetarse en el cordel de la vida, una especie de balbucear que tal vez no comunica, pero que expresa más, incluso más de lo debido. Esa inocencia ingobernable que se genera a partir de un descubrimiento minucioso de la vida que pasa a través de los ojos y emociones de La Maga.

Hernández (2008) manifiesta que Rayuela es una especie de libro de metaficción, una forma de querer versionar la realidad por medio o uso de la imaginación y la palabra. Así como Charles Mingus, y su lenguaje de la música que consideraba rescatable proporcionarnos una nueva fuente de tonalidades en The Black Saint and the Sinner Lady. Este álbum se develaba meses antes que Rayuela. Era una forma de inaugurar los nuevos arquetipos en el paralelismo de un Paris que se asumía como una mezcla de estética, actitud irrisoria y suspensiva; por sus tensar de pertenecerse al jazz. En ese desorden, en ese esbozo de incertidumbre es donde la ingenuidad de La Maga se hace elemental para poder conocer la sensibilidad que percibe la verdadera realidad. Ella no quería ser gobernada por una linealidad predecible, y tampoco sabía que es lo que quería, y esas eran sus mejores intenciones. Una forma no angustiosa de proseguir en el acto creativo, que en este sentido es la representar la vida misma, no como acto inútil, si no, como una acción de posibilidad. Que surge a partir de la inocencia, ese acto genuino que magnifica lo más nimio e imperecedero de la vida misma. Pero esta cuestión de asumirse impredecible hace que La Maga transite por los bordes, abismos mismos del desastre, pero la libertad es su recompensa más absoluta.

Otro de los elementos claves para la comprensión de la dinámica de estos personajes es el desorden de La Maga, que se asume como una condición natural de la inestabilidad humana, y no solo humana, si no toda esa inestabilidad cósmica universal bajo la cual gobierna el azar y su condición de prefectura más justa. Friedrich (1974) nos menciona el concepto de la disonancia y su relación con esa especie de cierta gloria no comprendida. Asumiendo la inocencia como esa disonancia de linealidad corporativa que evoca Horacio. La inocencia como acto irruptor frente cognoscible o ya establecido. La inocencia disonante se atrinchera más cercanamente a la inquietud que a la muerte del reposo. Ya lo mencionaría Gregorovius en el capítulo once, cuando se refiere a ella como una especie de luz titilante que siempre se evoca en movimiento y no reposa en una muerte predecible o estática. Así, La Maga, se presenta en su inocencia, como una especie de pureza que no se encuentra perturbada por la contaminación de los preceptos o conceptos sociales.

Un claro ejemplo es cuando observamos a los dos personajes dialogar en gíglico, mientras uno intenta reinterpretarlo todo a través de esta forma de expresión, la otra, La Maga pretende desbaratarlo todo por medio de la expresión misma. Encontramos como el intelectualismo se remilga frente a esta actitud poco comprometida y desinteresada con la razón: que es la ingenuidad que posee Lucía. “Es tan violeta ser ignorante”, diría La Maga, reprochándose su no correspondencia ante ese gran repertorio cognitivo, pero por veces innecesario. Ahora, esa ingenuidad es alimentada producto de ese poco interés por sostenerse o atender constantemente algo. Hay poco compromiso e interés por la vida misma de parte de La Maga, este atributo desinteresado hace que ella se exprese de forma sincera y verdadera.

La maga como punto ilusorio, como posibilidad, apertura de nuevos conocimientos, frente a la verdad que intenta representar Horacio, una verdad de visión más limitada, lineal. Lo predecible se hace modificable, lo impredecible, no. Por ello la importancia de La Maga, pero no atenderla de forma aislada, si no, comprender la dinámica que se genera de la coexistencia de ambos personajes.

BIBLIOGRAFIA

  • Cortázar, Julio. Rayuela. Ediciones Peisa. Lima, 2002.
  • Fernández, Hector. La crítica de Nietzsche contra Occidente en Rayuela de Julio Cortázar. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaiso, Chile. 2008.
  • Friedrich, Hugo. Estructura de la lírica moderna. Ediciones Seix Barral. Barcelona, 1974.
  • Gilles Deleuze. La lógica del sentido. Ediciones Paidós. Buenos Aires, 2005.
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